Los pintalabios rojo mate, porque si brillan parece que estás
babeando y te falta el carrito.
Los tacones, aunque la gente no lo entienda en mi persona, acusándome de quedar demasiado alta.
Las máquinas de coser, que te dejan diseñar cositas.
Batman, que gana a Spiderman.
Rambo, que no es Dios porque Dios tendría piedad.
Franco Battiato, porque es Franco Battiato.
Mark Oliver Everett, porque podría ser Franco Battiato.
Los huevos masculinos que cuelgan un poco de más, porque se
reciben mejor cuando estás de rodillas con la boca abierta.
El café muy negro, solo y sin azúcar, porque de otra forma no es
café, es un batido.
Las zapas estilo converse, que democratizan y nos permiten llevar
colores en los pinreles a las mujeres de cualquier talla de pie.
Los cuadernos, porque nunca se garabatea de más, ni se escriben
impresiones y reflexiones de menos.
Windows, porque Mac será modernísimo, pero más allá del marketing
que lo envuelve, no hay nada en lo que el Tito Gates no hubiera pensado ya.
El Greco, porque pintaba en verso.
Velázquez, porque pintaba en prosa.
Raphael (pintor), porque si quería, podía; pintaba en verso, en
prosa y como le salía de las narices.
Raphael (cantante), porque es un jodido genio.
Los perros, porque son más persona que mucha gente.
El sabor de una polla.
La ropa con encajes, signo inequívoco de que ya estoy alcanzando
cierta edad.
El sentido del humor, sí, también para con uno mismo, porque es la
mejor medicina.
Los chistes que pecan de crueles, porque el rollo políticamente
correcto imperante no me va.
Marlon Brando, porque no ha vuelto a existir sobre la faz de la
tierra un hombre tan follable.
Los tíos con pinta de empotrarte en vez de follarte, porque me
ponen nerviosa en el mejor de los sentidos.
La ciencia y, en concreto, la física cuántica, porque parece querer esconderse de nosotros.
La historia, porque es producto de pequeñas decisiones puntuales,
creada por los hombres, y la gran desconocida.
La cerveza sin gluten, porque como celiaca me hace mucha ilusión que exista.
El vino tinto, si es de Toro o Riverita, mejor que mejor. Vale,
que el Rioja nunca te falla, si fuera coche sería un Volvo… pero por eso mismo,
mejor los otros.
Madrid, porque habrá sitios más antiguos, más bonitos y más
grandes… pero el halo de esta ciudad es mágico, tiene algo especial, a pesar
del histerismo y las prisas que tienen sus habitantes. Porque esta ciudad se
hace entre todos (todos).
Mary Poppins, “La Película” de mi más tierna infancia.
Aladdín, porque es lo contrario al Rey León.
Las opiniones propias y formadas, porque aquí la gente lo que hace
es comprársela en el quiosco cada día por poco más de un euro.
Unas patatas fritas y unas anchoítas para ver al Real Madrid
(ganando, ¡por fín!)
Marilyn Monroe, porque ella nació para ser amada, y no comprendida.
Bob Dylan, porque si dios quiere tocar el piano, pues que toque el
piano.
La enseñanza que nos dejaron los años ochenta; nada cumplirá lo
que se promete, pero disfrútalo igualmente.
Masturbarse, que deberían recetarlo los médicos.
El Myspace, que, admitámoslo, molaba mucho. Algún día adquirirá el
rollo “vintage” que hará que todos volvamos a él.
Star Wars, un antes y un después en mi existencia.
Sophia Loren, porque por ella me hubiera hecho lesbiana-leñadora.
Carmen Sevilla, porque en su momento también me hubiera arrastrado
a la homosexualidad.
La música, un impulso innato e inmanente en el hombre.
Nadar en el mar, porque las piscinas son un invento del demonio.
Los orgasmos femeninos, que siempre son múltiples en potencia. Es
cuestión de ponerse.
La maravillosa y perfecta estética de las mujeres desnudas,
porque, al contrario que los seres masculinos, no necesitan perder la
verticalidad.
Descubrir una buena novela, una de las definiciones de placer que
faltan en el diccionario.
Una tarde en un bar en buena compañía. El lujo verdadero suele
estar a nuestro alcance.
La noche, que, al contrario que a mucha gente, a mí me despierta,
alejándome del “automatismo” imperante.
El turno de tarde de la facultad, porque las mañanas están
sobrevaloradas.
Los sobrinos que algún día tendré para ser “la tía guay”.
El primer artículo de la Pepa, porque jamás la chulería hispana se
puso más acertadamente por escrito.
Ralph de los Simpsons, porque yo también soy especial de esa
manera a veces.
Despertarme en la cama y descubrir que el perro ha dormido junto a
mí.
El sexo en la ducha.
El olor a jazmín, que me retrae a los veranos de mi infancia.
La lluvia que te pilla estando en casa.
Los orgasmos que hacen que me corra (literalmente).
Los telescopios, que ayudan a asumir y deleitarse en nuestra
ínfima y minúscula existencia.























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